Gloria. I ara què?

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Solo lo hemos amado nosotros

Aquel día me despertó un mensaje de mi primo al grupo de la familia con una foto y un vídeo donde se veían arrozales del margen izquierdo del río inundados de agua del mar. Nos informaba de que más abajo del punto donde se encontraba no se podía acceder. Que había entrado el mar. A diez kilómetros de la desembocadura.

Aquel día perdimos playas tan importantes como las de los paseos marítimos de pueblos turísticos del Maresme, pero más indómitas son las nuestras. También se perdieron mejilloneras, pasarelas, peces y otros animales que viven en nuestro Delta, y se inundaron 3.000 hectáreas de tierra de arroz. En catalán central esto sería: Ciutat Vella, l’Eixample, Les Corts, Gràcia y Nou Barris. Haceos, por favor, una imagen mental.

Está claro que este no es el primer temporal de levante ni será el último. Aquí en el Delta estamos acostumbrados a ellos, al viento de arriba, a les especies invasoras que echan a perder la cosecha, a les crecidas del río de vez en cuando y a que no nos haga caso ni Cristo, más que cuando se quiere desconectar, ver pajaritos y zamparse un buen arroz. 

También está claro que, cuando pasa el temporal, el agua recula, pero, como pasa en todos los temporales, cada coladita, una rasgadita. I todos sabemos que la lucha contra la emergencia climática está prácticamente perdida, pero también sabemos que algo se podría hacer para evitar que los sedimentos se quedaran retenidos, con una inversión monetaria importante, claro, y un poco de interés.

Estamos acostumbrados a estar solos en esta lucha. Estamos tan acostumbrados a ser el culo de Cataluña que nos parece normal. Y la pena de perder nuestro Delta la pasamos solos. En la tele sale un día el desastre, y luego quien se queda progresivamente sin su paisaje somos nosotros.

Después del Gloria vinieron dos temporales más, estos menos mediáticos (el 2 de marzo y el 8 de mayo), que volvieron a llevarse la poca arena que había colocado una empresa privada para poder continuar accediendo con los camiones hasta las Salines de la Trinitat.

Más tarde, Ecologistes en Acció otorgaba la bandera negra al Trabucador del Delta del Ebro por «la mala gestión» que se ha hecho en él, distinción que pretende destacar los puntos más dañados y degradados del litoral. Esto, a parte de ser una vergüenza, porque sabemos que el Trabucador es un espacio natural singular, indómito y precioso, del que estamos muy orgullosos los que somos de aquí, es una realidad tristísima.

No sé cuántos de los lectores de este humil texto han tenido la mala suerte de experimentar alguna vez la pérdida física de un territorio que amaban. Una vez más, ahora que es verano y no estamos confinados por otros temas que ahora no vienen al caso: queridos vecinos de aquí y de allí, a nuestra casa (que también es la vuestra) vengan cuando quieran, a desconectar, a mirar pajaritos o a comerse un buen arroz, pero sepan que ya no verán una parte bonita de nuestra casa, porque quizás solo la hemos amado nosotros, y no lo suficiente quien tenía el poder de salvarla. Vengan cuando quieran, pero cuando se vayan, cuéntenlo a todo el mundo: con cada temporal perdemos un trozo de Delta, y la rasgadita del Gloria se llama la barra del Trabucador.

Maria Climent