JOAN CASALS. Itineraris en el laberint

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Esta exposición de la obra de Joan Casals está estructurada en diversas secciones que intentan ofrecer una visión global y, a su vez, particularizada del recorrido creativo del artista.

Durante la década de los años ochenta, Casals incorpora a su lenguaje unas caligrafías particulares, una especie de textos ilegibles que nos remiten a la expresión del gesto y a la estética de la escritura y no a los contenidos o a los significados. En esta época, sus trabajos también se caracterizan por la elección de pizarra como soporte.

En las pinturas de finales de los años ochenta y de principios de los noventa se hace más patente la búsqueda de una iconografía propia y de un lenguaje y una técnica más personales. Las obras se agrupan en series de tamaños y formatos muy diversos, como por ejemplo las tituladas Vestigis, Memòria del temps o Àmbits.

Su estilo más característico empieza a definirse a finales de la década de los ochenta. Es a partir de este momento cuando la técnica se vuelve más sensual y más sutil, el repertorio iconográfico se enriquece cada vez más y los contenidos se decantan hacia las imágenes de la memoria. Uno de los temas y los motivos más recurrentes es el del laberinto, una imagen metafórica que da lugar a toda clase de interpretaciones, de significados, de simbolismos y de connotaciones.

La iconografía del lenguaje maduro de Casals se adentra sobre todo en la memoria de un tiempo y de un país que son los que le tocó vivir. Las referencias al cuerpo humano aparecen por doquier, así como las de diferentes animales. También existe un conjunto de iconos que aluden a símbolos políticos o religiosos y otros que podríamos relacionar con varios objetos de la vida cuotidiana. Todo está salpimentado por números y letras, y por inscripciones, palabras y frases, escritas y pintadas en alfabeto griego, que hacen referencia a los clásicos, a ideas y conceptos psicoanalíticos o a refranes de la cultura popular.

Observando estas obras nos damos cuenta de que el artista va en búsqueda de los vestigios, de los recuerdos, de las imágenes, de los iconos y de los símbolos de nuestra memoria personal y colectiva o, si queréis, de la (des)memoria del tiempo pasado.

Esta es, por lo tanto, una obra que se empeña en luchar contra el olvido. Una obra que coloca el arte en el centro del laberinto humano.

Abel Figueres

JOAN CASALS MONTES (1945-2011)
HITOS EN EL CAMINO

 

La Parte Alta de Tarragona fue paisaje de su infancia, adolescencia y primeros años de juventud. La Escuela-Taller de Arte fue el refugio intelectual y espacio de formación artística. Con la especialidad de Cerámica y un gran bagaje en otras disciplinas, recorre un primer camino creativo que evolucionará.

La vida en común con Dolors Escardó le lleva a Reus, donde se integrará pronto y donde buscará los recovecos de sus inquietudes ideológicas y artísticas. Le encontramos en el proyecto de creación de la Escuela-Taller de Arte de Reus y en el grupo de jóvenes artistas que, al amparo del Centro de Lectura, harán de la ciudad un centro de creación artística novedosa y vanguardista.
La exposición "Artistes de Reus", programada por la Consejería de Cultura de la Generalitat de Catalunya en 1984, significó el reconocimiento de la vitalidad creativa del núcleo de artistas que trabajaban en la capital del Baix Camp.

En constante búsqueda de lenguajes plásticos, pasa de las Caligrafies a les Codificacions, trabaja la serie Vestigis y con el cuadríptico Memòria del temps ganó el prestigioso premio Tapiró (1989). Emprende un camino personal en el que, con una técnica cuidada, expresa su calidad artística y los conceptos más íntimos que tienen en la memoria el pozo inagotable de imágenes y sentimientos.

En su trayectoria vital es inseparable la vertiente de pedagogo. Implicado en el programa "La plástica en la escuela", las aulas de La Salle-Reus y de diferentes escuelas del Priorat, de Tarragona y de Salou fueron espacios de su acción didáctica. Una tarea que ejerció con pasión, método y reflexión colectiva.

Su obra creativa se gestó con convicción y libertad, ajeno a la velocidad de los circuitos comerciales que imponen un ritmo consumista. "Dibujo y pinto de una manera muy íntima, sin prisas, ni presiones de ningún tipo, sino que voy elaborando mi propio discurso", manifestaba el artista.

La magna exposición "L'art del segle XX a les comarques de Tarragona", trenzada por Antonio Salcedo, mostró la actividad artística de la centuria en este territorio, teniendo en cuenta a los autores y valorando las acciones de las instituciones que habían dinamizado el arte y dando cobijo a los creadores. Era una exposición con carácter reivindicativo. Joan Casals estuvo presente con un políptico de 72 piezas.

En 2005, Joan Casals se reencuentra con el público de Reus, su obra recibió el premio Adquisición otorgado por el Institut Municipal de Museus. La exposición "Dipòsits de la memòria" mostraba la solidez de sus últimos trabajos, impregnados de una poética de lenguaje personal, construida con el poso de la memoria donde habitan espacios de luces y estancias de sombras, el imaginario y la realidad.

Le traicionó su corazón cuando se encontraba en un momento personal y artístico pletórico. Fue muy rápido y cerró los ojos para siempre el día 16 de octubre de 2011. Unos ojos de mirada atenta, esencial, de un profundo que captaba el entorno más próximo y el más global, que también sentía propio. Unos ojos vivísimos que hacían patente al interlocutor que las palabras que le llegaban eran el centro, lo más importante en el momento de la conversación. Cuando hablabas con Joan Casals tenías la certeza de que te escuchaba, te entendía, te comprendía, tres de las sensaciones más placenteras de la comunicación humana.

Carme Puyol