LLORENÇ UGAS DUBREUIL. Tensions, impactes i fissures

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En los últimos años, Llorenç Ugas Dubreuil (Sabadell, 1976) no ha parado de caminar por paisajes naturales de índole diversa. Pese a la pluralidad de lugares que le interesan -desde montañas y valles boscosos hasta zonas de costa-, existen conexiones precisas entre todos ellos: las tensiones generadas por la presión humana sobre el lugar, convencida de sacar un rédito económico que acabará desfigurando y borrando la entidad natural del territorio. En esos momentos en los que la naturaleza desfallece a favor del turismo o el urbanismo es donde él sitúa el objetivo de su cámara. Y me refiero inicialmente a la fotografía porque es la base de su trabajo, aunque el propio caminar expanda sus recursos hacia el objeto, siempre desde una voluntad procesual y performativa.

Mientras camina, mientras avanza, el artista recopila múltiples informaciones mediante un sistema intuitivo y visceral de apropiación del lugar. Como ejercicio de reconocimiento, el artista recoge piedras y fragmentos del paisaje. A medio camino entre lo literal y lo simbólico, la presentación de estos materiales nos permite comprender las problemáticas de un territorio en apuros. Potencialmente, las piedras dispuestas en sus instalaciones son los propios paisajes incompletos que recorre; incompletos por haber quedado atrapados entre lo que eran y lo que son; incompletos por haber perdido su condición primigenia, pero también por ser capaces de reflejar sus complejidades políticas y estéticas desde la actualidad.  

En este sentido, Tensions, impactes i fissures -su exposición individual en el Museu d'Art Modern de Tarragona- invita a un diálogo cruzado entre trabajos recientes y nuevas producciones realizadas específicamente para la ocasión. La lectura en presente inmediato de su trabajo nos permite comprender los dos ejes centrales de su aproximación al paisaje: por un lado, la experimentación fotográfica que lo sustenta; por el otro, la carga emocional de sus vivencias en él. De este modo, los artificios materiales de Black Landscape (2014, en proceso) -un gran mural donde destacan en primer plano construcciones y estructuras que alteran para siempre el paisaje natural- o las sutilezas gráficas de Landschaft -un tríptico donde las fotografías de tres elementos naturales aislados e intervenidos se transforman, casi, en dibujos- conviven con piezas nuevas que intensifican la vinculación biográfica de Llorenç Ugas Dubreuil con los paisajes en tensión entre la naturaleza y la imposición humana.

Así, la exposición retoma sus experiencias en lugares altamente sensibles, como los paisajes de alta montaña de Espui en la Vall Fosca (Vista discontinua. 2.100 metros sobre el nivel del mar, 2020), condicionados y fracturados por el fracaso inmobiliario y paisajístico del Vall Fosca Mountain Resort -un complejo turístico situado cerca del Parque Nacional de Aigüestortes abandonado en 2008-, los pinares afectados por la posible construcción de una autopista entre Blanes y Lloret de Mar, que va a destruir una parte fundamental del paisaje mediterráneo (Dibuixar una autopista amb el cos, 5 passos o Km 3, 2020), u otras zonas sometidas a presiones similares (Estructura n.º 2, Vacarisses, 2020). Como es habitual en su trayectoria, Ugas Dubreuil nos interpela mediante el uso de la fotografía, la escultura y la instalación, pero sobre todo a partir de su práctica del caminar por paisajes atrapados entre un sentimiento idílico y una explotación abusiva. Diría que su trabajo se centra precisamente en reclamar nuestra atención sobre tales abusos. Y, para ello, necesita recorrerlos, necesita vivirlos.