Pasar al contenido principal

Entrada gratuita

GE

Exposición Temporal

La casa del savi. Gonzalo Elvira

Futura

10/04/2026 - 07/06/2026

Exposición dentro del ciclo Dret a rèplica, comisariada por Juan de Nieves
 
Experimentos y observaciones

Desde mediados de la década de 1990, la práctica de Gonzalo Elvira se ha desarrollado como una investigación continuada sobre los mecanismos oficiales mediante los cuales la historia se produce, se transmite y se legitima. Su trabajo se sitúa en un territorio crítico que examina los aparatos de construcción de la memoria histórica, prestando especial atención a aquellas figuras, episodios y movimientos que han quedado desplazados hacia zonas periféricas de las narrativas dominantes de la modernidad política y cultural.

En su praxis, el dibujo ocupa un lugar estructural. Sus dibujos funcionan como un dispositivo epistemológico y como una tecnología de montaje que permite poner en relación materiales heterogéneos procedentes de distintos registros —documentos, imágenes de archivo, referencias historiográficas, fragmentos textuales o iconografías desplazadas—. A través de este procedimiento, la imagen deja de operar como ilustración de un relato canónico para convertirse en un espacio de articulación donde el pasado es reconfigurado a partir de nuevas constelaciones de sentido.

La casa del savi se inscribe plenamente en esta lógica de trabajo, aunque introduce un desplazamiento significativo en el arco temporal que habitualmente ha ocupado la investigación de Elvira. El proyecto se remonta a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, tomando como punto de partida la figura de Antoni Martí i Franquès, uno de los científicos más relevantes de la Ilustración en Cataluña. Sus investigaciones sobre la composición del aire y sus experimentos pioneros en torno a la fotosíntesis lo sitúan en el centro de una cultura científica que, en aquel momento, aspiraba a reorganizar la comprensión del mundo natural desde los principios de la razón y la experimentación.

La trayectoria vital de Martí i Franquès se desarrolló en un contexto histórico profundamente convulso. Las transformaciones políticas derivadas de la expansión napoleónica en Europa y, de manera particular, el asedio de Tarragona de 1811, introdujeron una dimensión de violencia y ruptura que atravesó de forma directa el tejido social de la ciudad. Este cruce entre la racionalidad ilustrada y la experiencia histórica de la devastación constituye uno de los trasfondos que este proyecto convoca de manera implícita.

La instalación concebida para el MAMT se articula a partir de una serie de dibujos realizados específicamente para esta ocasión. En ellos aparecen diversos motivos asociados a la figura del científico: un retrato de Martí i Franquès, escenas que evocan episodios de su biografía, fragmentos de cartas escritas durante su vida o alusiones indirectas a su actividad investigadora. Estas imágenes no se presentan como ilustraciones de un relato histórico lineal, sino como fragmentos que introducen puntos de condensación dentro de una estructura visual más amplia.

El dibujo opera como una forma de inscripción temporal que mantiene una relación ambivalente con el archivo. Por un lado, recoge indicios documentales que remiten a una historia concreta; por otro, introduce un margen de interpretación y desplazamiento que desestabiliza cualquier pretensión de transparencia histórica. El gesto manual del dibujo se convierte así en un espacio donde la memoria es simultáneamente registrada y reinterpretada.

Esta dimensión se intensifica mediante la incorporación de una secuencia continua de proyecciones de diapositivas que recorren las paredes de la sala en oscuridad. Las imágenes proyectadas proceden en parte de fotografías realizadas por el propio artista en los archivos históricos de Tarragona, donde se conservan documentos vinculados a la vida y la actividad científica de Martí i Franquès. Junto a estas aparecen otras imágenes de naturaleza heterogénea: materiales visuales relacionados con la ciencia, formas abstractas o fragmentos iconográficos cuya relación con el relato histórico permanece deliberadamente abierta.

La superposición entre las proyecciones y los dibujos genera un campo visual en permanente transformación: las imágenes atraviesan los dibujos situados en las paredes y se desplazan sobre las superficies del espacio y de las propias audiencias, produciendo asociaciones visuales siempre inestables.

Al activar la figura de Martí i Franquès en el mismo edificio que fue su residencia, La casa del savi introduce además una reflexión sobre la relación entre conocimiento, historia y espacio. El museo aparece aquí como un lugar atravesado por capas temporales en el que el pasado no se presenta como un relato estabilizado, sino como un campo de fuerzas susceptible de ser reactivado desde el presente. En este gesto, la práctica de Gonzalo Elvira vuelve a situarse en uno de los núcleos conceptuales que han atravesado su trabajo: la exploración crítica de los modos en que la historia se edifica, se conserva y, a menudo, se diluye en los márgenes de la memoria colectiva.

Juan de Nieves