Reflexiones del profesorado: La belleza en el renacimiento del artista-artesano
Guy Debord, en relación con esta sociedad-vitrina, afirmó que el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social mediada por imágenes en La sociedad del espectáculo. Jean Baudrillard fue más allá al describir este fenómeno como el reino del simulacro: un mundo donde el mapa precede al territorio, donde la representación no refleja la realidad, sino que la sustituye, como en la caverna de Platón o en la película Matrix (1999).
Hoy, con la nube digital, los algoritmos y la IA (Invasión Algorítmica), esta mediación ha alcanzado una intensidad inédita. La sociedad y la cultura ya no son líquidas como proponía Bauman; el líquido se ha evaporado en la nube. La forma se ha separado del mundo; la estética, de la experiencia.
Y, sin embargo, algo no encaja del todo. Vivimos en un déficit de atención creciente y generalizado. Bajo el exceso de imágenes, se intuye un cansancio profundo. Mirar ya no es ver. Producir ya no es crear. El alma empieza a pedir otra cosa: lentitud, profundidad, presencia.
Cuando la belleza tenía cuerpo
Para los griegos, la belleza (kállos) no era una cuestión subjetiva ni ornamental, sino una expresión del orden profundo del mundo. Lo bello aparecía cuando la forma manifestaba proporción (symmetría), medida (métron) y armonía (harmonía). En esta visión, la belleza no se oponía a la verdad, sino que era una vía de acceso a la sabiduría y profundidad del mundo y del ser.
Platón entendía la belleza sensible como una sombra que remitía a una realidad superior: la belleza conmovía porque recordaba al alma su origen (idea que recuperará el cristianismo). Aristóteles, por su parte, desplazó la belleza hacia el mundo, vinculándola al orden, la claridad y la forma adecuada a la cosa. En ambos casos, la belleza exigía atención, tiempo y educación de la mirada; no se consumía, se contemplaba.
Esta concepción comenzó a fragmentarse con la modernidad, cuando la belleza se fue separando de la verdad y del bien. Kant aún preservó un núcleo esencial al definirla como una experiencia desinteresada, libre de uso y de finalidad. Por otro lado, Hegel auguraba el final del arte. Pero con la posmodernidad, tras el trauma de las guerras mundiales, la belleza quedó bajo sospecha: asociada al poder, al canon, a la exclusión o a la decoración, fue progresivamente expulsada del centro del discurso artístico, definiéndola como algo superado. La posmodernidad la disolvió en ironía y literalidad. Y el mundo digital la ha convertido en patrón estadístico, en producto para el mercado global neoliberal.
El cansancio de la imagen
Byung-Chul Han ha descrito con lucidez nuestra época como una sociedad del cansancio y de la transparencia. Todo se expone, todo se muestra, pero nada descansa. La imagen ya no guarda secreto, ya no resiste la mirada. Es inmediata, pornográfica, vacía. La belleza, reducida a estímulo, ha perdido su capacidad de transformar, vaciándose de profundidad y trascendencia. La estética se aprisiona en cámaras de eco culturales autorreferenciadas, alienándose de la belleza natural del mundo.
Frente a este agotamiento, emerge un gesto discreto pero persistente: el retorno al hacer. Al tacto. A trabajar con las manos. A equivocarse. A repetir. No como nostalgia del pasado, sino como necesidad vital y resistencia humanista.
Aquí resurge la figura del artista-artesano contemporáneo.
La mano que piensa
Richard Sennett define al artesano como cualquier creador que quiere hacer bien algo por el valor intrínseco de hacerlo bien. No por el éxito, no por la visibilidad, no por el impacto, sino por fidelidad al proceso. En la artesanía, la mano no siempre ejecuta una idea previa: piensa mientras hace. El conocimiento no precede a la acción; nace dentro de ella. Con la práctica y el autoconocimiento se puede alcanzar la libertad artística y expresiva.
Martin Heidegger recordó que las cosas no son imágenes, sino lugares donde el mundo se congrega. Un objeto hecho a mano no es solo una forma: es tiempo condensado, atención acumulada, materia escuchada. En él, el mundo no se exhibe; se ofrece. Esto nos conecta con la idea de que el objeto artístico y la belleza pueden expresar más allá de los lenguajes racionales y conceptuales.
En este sentido, el artista-artesano no produce contenido. Produce presencia.
Soetsu Yanagi, fundador del movimiento mingei en Japón a principios del siglo pasado, vio en los objetos humildes y cotidianos una belleza que el arte oficial había olvidado: una belleza anónima, imperfecta, nacida del uso y de la necesidad. Lo ligeramente torcido, irregular, no acabado del todo es precisamente lo que revela vida.
El algoritmo busca la perfección sin fricción. La artesanía acepta el error como signo de realidad. Aquí reside una diferencia fundamental: la belleza viva no elimina la fragilidad ni la vulnerabilidad; la hace visible.
Simone Weil: la belleza como atención
Para la filósofa Simone Weil, la belleza no es un objeto que se posee ni un estímulo que se consume, sino una experiencia que exige renuncia: salir del centro. Lo bello no se impone ni se deja dominar; nos desarma. En este desplazamiento del ego, que ella llama descreación, la belleza se convierte en una escuela de la atención.
Weil afirma que la atención es la forma más rara y pura de generosidad. Atender no es mirar con voluntad de control, sino sostener una presencia abierta, paciente y disponible. Esta actitud contemplativa, radicalmente contraria a la lógica contemporánea de la velocidad y la captura, permite que la realidad aparezca sin violencia. La belleza, así entendida, no evade el mundo, sino que nos reconcilia con él.
Esta visión conecta profundamente con la artesanía. El objeto artesanal no busca destacar ni seducir, sino responder honestamente a su función, a su material y a su límite. Su belleza no es espectacular, sino necesaria. Nace de un hacer atento, donde la mano escucha y el tiempo se espesa.
Frente a la belleza algorítmica —ligera, homogénea y orientada a la captura—, la belleza que describe Weil resiste la imagen. No pide ser vista rápidamente, sino habitada. Es una belleza que pesa, porque implica responsabilidad.
Para el artista-artesano, esta atención no es solo una actitud estética, sino también ética. Aprender a mirar sin poseer es el primer paso para crear sin dominar. En un mundo saturado de simulacros, la belleza, entendida como atención profunda y amor al mundo, se convierte en una vía de reconciliación, contemplación y conexión.
Crear como rebelión silenciosa
"Al final, con lo que uno trabaja es consigo mismo" —Anish Kapoor
Recordando al pensador Albert Camus, que como Weil murió joven pero nos dejó un legado imprescindible, afirmó que crear es vivir dos veces. Frente al absurdo y la falta de sentido en un mundo nihilista (que ha perdido el hilo), el ser humano no se resigna ni se evade: crea.
No solo para explicar el mundo, sino para habitarlo. En palabras de Camus, sobre la complejidad que esto supone, afirma que “está la belleza y están los humillados. Por difícil que sea la empresa, nunca querría ser infiel ni a los segundos ni a la primera”.
El artista-artesano es un rebelde discreto. No grita. Persiste. Continúa haciendo en un mundo que quiere velocidad. Continúa buscando belleza en un mundo que solo mide impacto y permite que la obra hable por sí misma.
¿Por qué perseguir la belleza hoy?
La belleza nos devuelve al mundo. Nos enseña a mirar mejor, a vivir con más precisión, a reconocer lo que importa. Porque en el gesto honesto de hacer, nos descubrimos a nosotros mismos. Y porque al contemplar nos hacemos partícipes de los misterios del mundo.
Perseguir la belleza no es un lujo. Es una necesidad humana profunda. En un tiempo de disolución, actuar y crear desde la profundidad es una forma de resistencia. Y quizá también una forma de sabiduría.
En esta Invasión Algorítmica creciente, cualquier imagen del mundo pantalla puede ser falsificada y servir para manipular. Aceptar el arte y la cultura como producciones de baja profundidad nos aleja del pensamiento crítico y conduce a un falso confort y a un peligroso adormecimiento social. Es necesario entender el arte como liberación y trascendencia, no limitarlo a opio y entretenimiento.
Estas contradicciones contemporáneas nos llevan a este retorno o renacimiento humanista y manual. La autenticidad de la imperfección (wabi-sabi), el sentir y el saber de los placeres sensoriales para despertarnos de una mirada hipnotizada.
El arte y la belleza requieren atención.
Recuerda que fuera de la caverna sigue brillando el sol.

Adrià Cid Balazote
Llicenciat en Belles Arts
Tècnic superior en Ceràmica Artística
Màster en Art, Literatura i Cultura Contemporània.
Correu electrònic: acid@dipta.cat
Notes i bibliografia
- Baudrillard, Jean. Cultura y simulacro. Barcelona: Kaidós, 2024
- Baudrillard, Jean. El complot del arte. Ilusión y desilusión estéticas. Buenos Aires: Amorrotu, 2006
- Camus, Albert. L’home revoltat. Barcelona: Raig verd, 2021
- Cheng, François. Mirar y pensar la belleza. Barcelona: Gustavo Gil, 2020
- Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. Valencia: Pre-textos, 2023
- Esquirol, Josep Maria. La resistència íntima. Assaig d’una filosofia de la proximitat. Barcelona:
Quaderns Crema, 2015 - Han, Byung-Chul. La crisis de la narració. Barcelona: Herder, 2023
- Han, Byung-Chul. La salvación de lo bello. Barcelona: Herder, 2024
- Ovijero, Félix. El compromiso del creador. Ética de la estética. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2014
- Pigem, Jordi. Consciència o col·lapse. Barcelona: Fragmenta, 2024
- Sadin, Éric. La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas.
Buenos Aires: Caja negra, 2024 - Sennett, Richard. El artesano. Barcelona: Anagrama, 2017
- Van den Akker, Robin; Gibbons, Alison; Timotheus Vermeulen. Metamodernismo. Historicidad, afecto
y profundidad después del posmodernismo. Barcelona: Mutatis-mutandis, 2023 - Weil, Simone. Sobre la belleza. Barcelona: Plataforma Editorial, 2024
- Yanagi, Soetsu. El artesano anonimo. Barcelona: GG, 2025
- Yanagi, Soetsu. La belleza del objeto cotidiano. Barcelona: GG, 2020
Fotografies:
Raquel Navarro. Sèrie "Consonàncies".
Alberto Bustos. Sèrie "InvoluciÓN".
Adrià Cid. "Retorn".