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Reflexiones del profesorado. ¿Por qué necesitamos recuperar la imaginación?

30 Abril 2026
reflexions del professorat  Peça exposada a ARCO, del col•lectiu Tierra de nadie. Fundació Joan Tabique

El evento comercial, la imagen convertida en producto de consumo rápido, la programación accesoria para todos los públicos, la educación colapsada, son formatos que se consolidan y han desplazado poco a poco la esencia de lo imprevisto. Tengo la sensación de que las ideas se repiten y la sorpresa —que debería ser el motor de la cultura y del nuevo pensamiento— queda progresivamente anulada, hasta volverse inofensiva y aburrida.

Ante este panorama, se apuesta por nuevas tecnologías para avanzar, crear nuevos intereses, generar entretenimiento interactivo e inmersivo, buscar nuevos formatos, etc.

Pero, ¿y si no se tratara de eso?, sino de desplazar la mirada, de volver al inicio, al inicio de los inicios.

¿Por qué no recuperamos la capacidad de pensar aquello que aún no existe, liberar la mirada de la repetición automática, abrir paso a formas de ver que todavía no están legitimadas y maravillarnos con ellas?

Recuperemos la imaginación.

Propongo crear un espacio incómodo, indeterminado, un espacio abierto a la posibilidad de encontrar bello lo monstruoso, un lugar que facilite la rebelión contra el “fake” y contra esta naturaleza artificial dominada por un poder que no podemos dominar.

Imaginar la vida no puede ser un ejercicio secundario, sino una vía para ampliar el horizonte, para desplazarnos, para entender mejor aquello que no nos es propio. Este camino es uno de los retos que me propongo en clase, y que me encantaría contagiar en todas partes. Desbloquear la imaginación, desatarla, activarla, ponerla en circulación; estoy segura de que esto nos permitirá recomenzar a dibujar una idea singular que camine contra la costumbre.

La imaginación no aparece en las facturas, no cotiza en bolsa y lo cambia todo. No obedece horarios, es incómoda, no pide permiso, se cuela entre prácticas en tránsito, desordena todo.

Casi nunca hablo de imaginación, ni de lo que imagino; a veces me permito, sin dar muchos detalles, explicar un fragmento de sueño que recuerdo.

En cambio, desde hace años no dejo de escuchar “creatividad”, “la creatividad”, “el creativo”, “la creativa”.

No es casualidad, supongo.

La creatividad se ha convertido en un valor productivo, medible, rentable; es una competencia que se mantiene dentro de los límites de lo que ya existe, una habilidad que responde a una demanda concreta, muy capitalista y aburrida. (Imagínense lo que pienso de la inteligencia artificial.)

La imaginación, a la que me reclamo y ofrezco, no quiere huir de la realidad (si es que existe alguna), sino intervenir en ella. Como sugiere Maxine Greene —maestra nacida en Brooklyn, filósofa y activista (recomiendo leer Releasing the Imagination: Essays on Education, the Arts, and Social Change)— imaginar es abrir la posibilidad de que el mundo sea diferente. Quiero intentarlo. Los libros de Paulo Freire, pedagogo brasileño, me animan a trabajar una escuela que no forme individuos creativos para adaptarse al mundo, sino sujetos capaces de imaginarlo de otra manera y, así, cambiarlo.

Sí, apuesto por reavivar la imaginación y decido entender la creatividad como una habilidad funcional de la que quiero distanciarme.

El movimiento de la Escuela Nueva, con figuras como John Dewey, Maria Montessori, Ovide Decroly, Célestin Freinet o Rosa Sensat, supuso un desplazamiento fundamental en este sentido. Aprender se convierte en un proceso activo de exploración y construcción de significados. Es ahí donde la imaginación encuentra su lugar, no como complemento, sino como condición.

He conocido recientemente la Escola Imaxinada, que recupera este camino. Un proyecto que sigo, creado por un grupo de innovación educativa con artistas como Vicente Blanco, Estella Freire y Salvador Cidrás. Muy recomendable.

De vez en cuando recuerdo a Els Comediants, un colectivo de teatro radicalmente libre que reimaginó la cultura y las tradiciones. El trabajo no corporativo y generador de mundos de Marcel·lí Antúnez (que este curso ha colaborado con la escuela),

Joan Jonas, La Veronal, Carol Rama, Charles Chaplin, Louise Bourgeois o Björk me iluminan sin abstracción, me ayudan a modificar la forma en que percibo el mundo y me hacen construir otras formas de realidad.

A menudo guardo las cajas de cerillas para convertirlas en casas para pulgas, como hacen en el Circ Cric.

Quizá, entonces, la imaginación podrá evitar convertirme en una extensión algorítmica, burocrática y previsible. Se volverá necesaria para rebelarme contra todo aquello que tiende a automatizarme.

La imaginación —no la creatividad, ni la inteligencia artificial— no me optimizará y me devolverá ese espacio imprescindible, sin garantías, frágil, cargado de posibilidades. Me ayudará a evitar producir, producir y producir; me haré olvidar de quedar bien y así podré salir del discurso dominante: porque imaginar no es útil, es un acto profundamente transformador, colectivo, transparente y positivo.

Imagen que ilustra el texto:  SANTIFICARAS LOS ARCOS
Pieza expuesta en ARCO, del colectivo Tierra de nadie. Fundación Joan Tabique.

monica

Mònica López Dalmau
Profesora EADTarragona
Graduada en Comunicación (UOC) 
Técnica superior en Fotografía Artística
Master en objeto a la exposición y en iluminación de arquitectura urbana

Correo: monica.lopez@eadt.dipta.cat